En septiembre…

Por septiembre
se te llenan de sótanos los labios
y es relativo del cielo
después de haberte visto preguntarle a la vida. 
Pero también el cielo
arrugado y preciso
como tu cazadora de adolescente, 
quiere estar entreabierto,
brillar recién amado, 
descansando en la hierba
el peso de su larga caballera de nubes.

Por septiembre 
se te llenan de humos los síes en la boca.
Luis García Montero
Por septiembre a mí me suele dar por recordar. No mentiré no es de mis meses favoritos, se termina el verano, se esconde el sol y hay que volver a la monotonía y la rutina. Fue en septiembre que te perdí, a ti, amiga. 
Hay unos días que báscula entre la tristeza, la melancolía por el tiempo pasado, el verano vivido y la ilusión por lo que está por acontecer. Esos días en que los sentimiento se mezclan, se vuelven confusos me gusta volver a mi hogar, al sitio donde me crié. Allí puedo sobre todo contemplar el mar, que me evoca mi infancia y adolescencia y me da paz. Puedo sentir los últimos rayos de sol, más débiles si pero aún calientan. Y sobre todo puedo olvidarme de todo y sentarme con mi familia a charlar, sin más, sin pretensiones ni prisas. Solo hablar, mirarse, dejar que el tiempo pase lento y aletargado. 
En septiembre ya se ha ido la energía y la ilusión con la que nos suele alcanzar el verano, ya hemos vivido todo lo que habíamos planeado vivir, todo ha pasado deprisa, fugaz como un sueño por eso cuando vuelvo a aquí lo hago tranquila, sosegada, sin esperar nada del tiempo, sin previsiones y sobre todo sin ambiciones de buscar la mejor terraza, la mejor puesta de sol o el mejor chiringuito. Las playas, bares, restaurantes se vacían y allí aparezco yo, a raspar lo poquito que queda de calor, de ocio, de lo que hemos llamado verano. Es posible que sean los días de más paz del año. 
Playa de Benidorm sin gente, que ya es raro…

Mis padres viven en un pequeño pueblo cerca de Benidorm, en Finestrat conocido porque es donde se asienta el Asia Garden, el lujoso hotel de la cadena Barceló. En una casita rodeada por montañas y naranjos yo y mis pequeños logramos descansar.
Cerquita de allí está el hermoso pueblo de Altea, uno de mis sitios favoritos, situada en lo alto de una montaña sus calles empedradas y sus casitas blancas enamoran, típico pueblo mediterráneo que nada tiene que envidiar a otros pueblos del mismo estilo de Grecia o Italia. Además bajando la escarpada colina, tiene un bonito puerto y una playa. Pero si sigues la carretera hacía Calpe puedes descubrir una pequeña calita llamada: Playa de L’olla. Suele ser una playa con poca afluencia de turistas y con varios restaurantes. También aquí se sitúa un hotel de lujo, Villa Gadea que si estaís por la zona vale la pena conocer.

Playa de L’Olla


Allí me llevo mi hermana a cenar a un italiano coqueto y apacible donde se puede escuchar el sonido del mar mezclado con la música que un dj pincha en vivo: Youchic


Si sois o estais por la zona no dudéis en ir a conocerlo, os aconsejo la focaccia de Burrata  y la pasta con Boletus, también me han dicho que la pasta con trufa está exquisita aunque no puede probarla.

 

 Una de las mejores cosas que tiene el restaurante es su terraza, con varias zonas: de mesas, camas balinesas rodeadas de vegetación. Ideal para un gintonic en verano.

La parte interior del restaurante es también un lugar muy agradable con una decoración original en la que se exponen obras de arte que están a la venta. Promueven la cultura mediterránea con actividades y exposiciones, toda la programación está en su pagina web.

Como os comentaba antes el Hotel Villa Gadea está muy cerquita y tiene una terraza ideal para tomar una copa: sofás, decoración con palés pintados y envejecidos, telas blancas, música suave y el murmullo del mar.

Sin duda lugares que volveré a repetir el verano que viene que que ganas tengo de que llegue pero mientras tanto a seguir descubriendo sitios. Muack

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