Marrakech

Los viajes son caminos que no llegan a ninguna parte y sin embargo son senderos por los que hay que internarse y perderse para volver a encontrar algo: encontrar un libro, un gesto, un objeto perdido, encontrar tal vez un método, con suerte encontrar lo nuevo, lo que siempre ha estado ahí.
Kasel no invita a la lógica. E. Vila- Matas

Hacía tiempo que tenía ganas de visitar el país vecino que veía desde Tarifa cuando pasaba allí parte de mis vacaciones. Entonces salió El tiempo entre costuras en la televisión y ya sabemos como nos afecta la tele…
Este año había planeado un viaje maravilloso con unas amigas pero me eche atrás debido a mi embarazo, sin embargo cuatro días en un destino tan exótico a dos horas de avión ¿por qué no? de Marruecos elegimos Marrakech.
Desde que aterrizas todo es diferente, sabes que estas en otro país, en otra cultura. Los olores te envuelven y solo puedes pensar en tajin o cuscús, que maravilla de gastronomía.
Las calles son austeras pero en el interior de esas fachadas humildes y envejecidas puedes descubrir auténticos palacios. Las plazas están llenas de gente, de movimiento, de vitalidad.
El zoco es el alma de la ciudad lleno de colores, turistas y residentes. Las baratijas se mezclan con auténticos tesoros por los que tendrás que regatear duro.
No es fácil que dos chicas paseen solas por la calle sin que sean molestadas pero en la mayoría de los casos basta con ignorar lo que pretenden ser piropos. Es una ciudad segura y que respeta al turista.

Para vivir la esencia de Marrekech es necesario alejarse de los grandes complejos hoteleros de lujo y buscar un coqueto Riad dentro de la medina. No os arrepentiréis son mansiones restauradas que conservan todo su encanto, su arquitectura originaria, a veces incluso los alicatados, las vajillas…

En un par de días puedes ver todos los monumentos importantes de la ciudad, pero lo mejor es perderse por ella, observar su movimiento, su despertar que suele ocurrir cuando se pone el sol, llenar la retina del verde agua de sus azulejos y el rojo de sus fachadas. Y sobre todo descubrir los restaurantes que la ciudad ofrece, imposible equivocarse, verdaderas joyas escondidas en estrechas callejas, probar sus sabores, comer pastela todos los días… Uno de los mayores placeres de Marrakech.
E intentado hacer una selección de fotos pero creo que aún así me han quedado muchas!! Espero que os guste tanto como a mi.

Riad Palais Sebban

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